"De blanco a Rojo" Camila Carrara

“De blanco a rojo”
‘Algunos dirán que alguien o algo termino con sus vidas, otros dirán que en realidad siguen vivos, alejados de la sociedad, pero la verdadera historia es esta…
En primavera de 1920, cuando todo comenzaba a florecer, Amelia y Eliseo decidieron casarse. Estos dos enamorados eran amados y envidiados por el pueblo, amados por su humildad y envidiados por ser la mejor pareja que la gente había conocido. O así se mostraban frente a los demás.
Eliseo tenía suerte de haber conseguido el corazón de Amelia, pues ella era deseada por todos los hombres del pueblo. Tenía rasgos de una tierna muñeca, con tez pura como la leche y pequeñas manchas en su rostro. Su cabello, rojo como la sangre, hacía que se destacara más. No era alta ni baja, ni flaca ni gorda, simplemente perfecta.’
Mañana es el día de mi boda. El sueño me impide seguir comiendo y me dirijo a mi habitación. Esta semana casi no dormí. Mi madre falleció el lunes por la madrugada y los trámites se mezclaron con los preparativos de la boda. El cansancio aumenta cada vez más, sin embargo, no logro conciliar el sueño.
Doy vueltas en la cama, pensando en mi madre. Recuerdo muy bien el día en el que fuimos al campo de mi abuelo. El momento que me caí y ella vino corriendo a calmar mi llanto y también sus últimas palabras antes de pasar a una vida mejor, o eso se supone, “No confíes en nadie”, cuatro simples palabras que me desarmaron como si fuese un rompecabezas.
Entre lágrimas y pensamientos, logré caer en los brazos de Morfeo.  Mi sueño siempre es el mismo. Una habitación en blanco llena de cuadros con imágenes de mi infancia.
No sé cuánto tiempo pasó desde que cerré los ojos, pero un ruido me obliga a abrirlos. Miro la hora en el gran reloj de péndulo. 3:30 am. Otro ruido proveniente de la cocina hace que me ponga rápidamente de pie. Agarro la vela tratando de no quemarme, aunque fue en vano. Me dirijo hasta la cocina y dejo caer la vela cuando veo la blanca figura de mi madre mirándome desde una silla.
-¿Mamá?-
Las lágrimas amenazan con salir, aunque no logro deducir si son de tristeza o de miedo.
-Recuerda siempre mis últimas palabras, pequeña. Aléjate de él si no quieres salir lastimada o sufrirás las consecuencias. El te engaña con otra mujer. Confía en mí, Amelia. - dice mi madre para luego convertirse en una nube de humo y evaporarse en el aire.
‘Nadie sabrá si esto es real o mentira, pues la única persona que realmente lo sabe es Amelia y ella ya no está con nosotros para contarlo.
Cuando llegó el día de su boda, la mente de Amelia había colapsado por completo. No había dormido nada, y por más maquillaje que usara no lograba tapar sus ojeras.
Decidió hacerlo, luego de varias horas de duda, decidió hacerlo…  Luego de terminar de escribir la carta para su marido, agarró el pequeño cuchillo de plata y, con las saladas lágrimas amenazando con salir de sus ojos como dos cataratas de agua, lo hizo. Estas se mezclaban con su sangre, haciéndola sufrir más. Pero, a pesar del dolor que sentía, sonrió. Su última sonrisa antes de morir.’
Ya ha pasado un año desde de la muerte de Amelia y yo sigo aquí esperando por ella, esperando que vuelva. Sigo sin creer que una simple e ilógica alucinación, de la cual me enteré gracias a la carta que me escribió, acabara con lo que más amo en la vida, y  amaré.
Hoy es el aniversario de su muerte, algunos dirán que con el transcurso del tiempo me he vuelto loco. Pero yo sé que está conmigo, la siento. La escucho susurrarme cosas, la veo en mis sueños. Ella está aquí, no se ha ido. Escucho lo último que voy a poder escuchar de su dulce voz, por lo menos en esta vida.
Tomo varias piedras y las coloco en el bolsillo de mi elegante pantalón. Observo el tranquilo lago que se encuentra delante de mí, respiro hondo y comienzo a caminar.

‘Eliseo murió ahogado el día del aniversario de la muerte de su prometida, no sin antes dejar una carta a sus seres queridos. Y hoy estamos aquí, recordando, luego de 2 años, su muerte y la de su mujer.’

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